jueves, marzo 20, 2008

Ermitaño...


Busco tu esencia en lugares que ni siquiera tu conoces, comienzo ya a delirar, Comienzo a sentir donde no hay sensaciones, donde no hay olores, ni rastros de ti. No importa, me lo invento, me lo creo. De ilusiones vivo, de tu imagen en mi vaso de azúcar y alcohol. Te disuelvo en él mientras endulzas lo intangible, mientras vas embriagando mi conciencia. Se desfigura el rostro de un ser humano para convertirse en un radar fuera de control que alcanza las ondas de tus ojos hechiceros, que descifran los códigos de un magnetismo secreto, que necesaria e injustamente está destinado a diluirse antes de existir. Y es tu boca cueva de ilusiones perdidas, donde vocifera un demonio vacío y donde murmura un corazón puro. Negro sitio en que se aloja el monje ermitaño del pecado. Ayer, durmiendo desde el valle escuche tus gemidos de arena y una fisura en tu mirada de roca nocturna dejó fluir un hilo de vertiente que me despertó al infiltrarse en mi alma. Se alza mi voz con tus lamentos insonoros, mi apetito con tu ayuno. Y quiero estar cerca cuando te recluyas en la gruta, para saber lo que es la soledad. ¡Cuántas cruces hay clavadas en tu boca! estacas que hacen difícil descubrir la belleza, son un cementerio más veces que pocas. Un reflejo en tus muros se ha llevado el dormir y develado el sueño. Camino por el valle oscuro, a pies descalzos, sintiéndolo todo, escalando la ladera por la que ruedan tus sobras, por el campo entrampado en el que temo zozobrar, entre piedra suelta y espinas escalando tu ruina. Si alguien llega a atreverse, el sonido del viento hará música de las esperanzas. Y nada más hará falta en la roca escarpada.

viernes, diciembre 07, 2007


En tu voz opaca
se queman hoy mis ilusiones;
en tu mirada ciega,
en los sucesivos bostezos.

Hablamos de lo trivial
ya no de lo privado...
y es extraño.

¿Dónde quedaron tus palabras de aurora?

No soy yo cuando te veo con otros,
no soy yo - con-tigo
cuando nome dejas tiempo.
Me transformo en una camuflada casa de celos,
pasiva, inocua,
pero, sumisamene celosa.
Y reprimo mi soledad
que extendiendo al máximo los dedos,
intenta alcanzarte en aquella lejana existencia,
zafarte de todos y traerte a mi lado.

Reprimo mis pies
que intentan salir a buscarte;
correr, gastarse,
para tal vez no encontrar nada.

No quiero perder de vista
la primera vertiente que cruzó el valle;
las mesetas erosionadas
y los cobrizos esteros de radioactividad;
seco nudo que se atora
y que se sigue atorando.

Esta noche jugaré con fuego,
y al despertar junto a una vela,
al escuchar los movimientos de llama,
escucharé el flamear de tus abrazos
batiendo las velas de mi corazón.

Al bucear por el cristalino lago de lava
de tus afectadas maneras,
flotando erguida,
me acuerdo de aquellos primeros naufragios
tan quemantes.

Y aunque aún no aprendo a nadar libre de pánico,
la esperma que se hizo sólida en mis dedos,
me ayuda a comprender
las cascarillas de tus ilusiones
que se derriten, gota a gota,
palabra a palabra en mis oídos.

¿Te has hecho alguna vez esta pregunta?
¿Quién está en las manos de quién?

jueves, diciembre 06, 2007

Durmiendo...


Cuando trato de despertar,
tu rostro dormido me vuelve a atar a la cama.
El lúgubre susurro de tu respirar
ilumina suavemente las cavernas de mis oídos.

Sigo en mi cama, cierro los ojos y te veo mejor,
hace frio,
me escapo del hielo del suelo que compartes con todos,
que es liso y llano para todos.
Acomodo el cuello, cruje la almohada, las mantas me aíslan.
Me arrullo nuevamente en mis sueños.

No hay sombras en tu rostro que amanece
ni en la tersa funda que me esconde,
y me cubre de tu posible sospecha.

Pero nunca podrías verme...
estoy muy lejos, tan lejos,
donde ni siquiera existen colchones blandos
ni duros, ni anchos ni angostos.

Yo duermo en tu noche.
Te vigilo.
Permanezco alerta junto a tus bromas tendidas,
junto a tus chispas rociadas.

Me quedo de pie mientras caen tus caramelos:
se quiebran, los piso:
los dulces cristales se incrustan en mis pies desnudos,
y así logras endulzarme la sangre.

Cuando trato de levantarme,
tu rostro casi inerte me vuelve a atar a la noche,
y la magia azulosa de este amanecer sin muerte
me revela tu naturaleza mutante.

Somos prisioneros de la noche:
nos mantiene inmóviles y quietos
nos prohíbe despistar,
y me libera de tus arranques, divergentes.

Te dejas interrogar por la luna que te enfoca y a media faz:
pero respondes en un idioma dificil.
Y te sientes en paz.
Veo tu expresion, y es como si estuvieras seduciendo a la selva
con un baile mitológico, nativo, floreado.

Suaves pétalos de tu verdad más profunda
van cubriendo tu dorado cuerpo semidesnudo.

Entre helechos gigantes,
aparece el seductor aroma ,
que emana de la tierra salvaje,
como incienso indispensable
para el rito jamás verbalizado.
Sé que tu brazo escapa a la conciencia
cuando porta el cobre de oro
y ahuma todo el amanecer con tu danza en puntas de pie.

Anzuelo que me trago cuando inspiras de día,
cuando respiras de noche;
Cuando bailas para mí.

Te mueves en tu lecho
con la voluntad ingenua de la natura
y asumes un dinamismo planetario.

A mi lado,
como vara de bambú
con exóticas flores y enredaderas,
sobre fango afiebrado por tus movimientos...
por tu mera existencia;
te meces en medio de la tormenta, sin saberlo,
entre trampas, animales y palmeras.

Espectaculo polinésico:
tespestad en la playa,
calma leche del mar.

Al amanecer, tu perfil se dibuja con cerros marrones:
silueta tostada en la mañana de tambores tropicales.
Y no se acaba la noche cuando permanece el retumbar
que en tu dormir oí sonar,
al ritmo de tus insinuaciones.

Y así vuelven a precipitarse
las intensas lluvias fuera de temporada,
mientras el piso de mi cabaña hace agua, nuevamente,
se borra la tinta de mi Biblia,
y supera la pulpa del tronco canoa.

Busco en los momentos plateados
tijeras para recortar tu alma,
para navegar en tu sangre mientras duermes
y tenderme en tu barquito rezumado,
tronco virgen del q naces a gritos:

Resina agridulce, elíxir de una pasión.

martes, noviembre 20, 2007

Cancer Polar...


Después de una lágrima sacudí las manos y me frote la cara. El dedo índice pasó cerca de mi boca que musitaba hipótesis y se puso a explorarlas.

Quise empuñar el misterio de cristal, evaporante,

Pero el mismo se transformo en mi castigo y yo en su rehén

Y no puedo hacer nada más

Que experimentar el pánico por la impotencia de deshacerme de este cuerpo extraño

Y no puedo hacer nada más

Que disfrutar la belleza de poseer un tesoro

Adorno polar del otro polo

Tan transparente y tan opaco

Fresco cristal que quema

Si trato de arrancarlo, se robara una capa de mi piel,

Si permito que se que de prendido,

Agotara mi tacto normal

Y estimulara una nueva forma de sentir

Sin pellejo, sin filtros ni maquillaje,

Del interior de la carne.

Sacudirse en vano, huir o permanecer,

Todo aumenta el terror a salir del estado normal

Todo por este cáncer glacial que vino a calmar mi ardor

Que me contagie en el desierto mientras cavaba, pala en mano

Una tumba para descansar.

De hecho, este dolor fue el que me despertó

De mi apacible siesta.

Mi cuerpo, hundido en las capas geológicas,

Había logrado mantener la tibieza del lugar sin sombras,

Ni siquiera la propia

Ajeno a los ciclos del día,

Y aunque tan cercanos estaban mis huesos a la tierra,

Aún así se mantenían inmunes a ella.

Y la vista tan apagada a los sentidos…

Comía damascos como quien toma agua,

Y al saltar de una inflada de pecho a otra,

El aspirar arena me era casi como un simple cosquilleo tras la oreja.

La cercanía de la muerte, inquieta,

Y cuando creemos que aún nos queda calendario,

Una herida en la palma de la mano significa morir un poco.

Pero este polo que me salta

En un atraco sin sombra,

Cauteriza la muerte y se lleva un trozo de piel consigo,

Se extiende mi vida en el acto,

Pedazo de alegría, extracto azul…

Como los unicornios.

Arritmia al corazón, a la razón.

Al principio no duele tanto, ni te percatas siquiera.

El problema llega cuando te das cuenta que tienes cáncer

E intentas desligarte en vez de asumirlo

¡y que angustia, no se puede!

Solo queda aprender a vivir con esto,

Con los escalofríos, con el rubor, los celos

Con labios que arden y sangre en los puños,

Con la materia que te abandona en el vapor

Juega con tu rostro

Al huir con tiras de tu envoltorio de mundo,

…aunque se hace líquidamente tuyo cuando se deba absorber.

Se aprende a vivir con la mirada de diamante de un cáncer polar.

¿hacia donde lleva el túnel

que traspasa la traquea y se pierde en las venas,

cuando se cava con el riesgo

de olvidar las coordenadas de la puerta del pasado?

A ritmo desfasado, busco en un átomo de agua la eternidad del universo.

Sentir como este frió va carcomiendo las certezas,

Como este cubo de hielo me esta impregnando,

Sentir es morir y reencarnarse en otro planeta,

Asomar la cabeza al vértigo del abismo interno

Entonces me dispongo a apretar este hielo

Hasta que se derrita por completo y empape mi conciencia,

Y no conforme con eso, esforzare doblemente mi puño para hacerlo hervir

Y bañar así mi corazón con esta agua purificada

Renuncio a la respiración continua

Para tragar historias glaciales,

Y sumergirme en su desquicio.

Y con este cáncer polar a cuestas,

El pellejo incrustado en sus afilados cristales,

Y viendo un iceberg crecer a mis espaldas,

Sorrio…

Me monto en su cima

Y me dispongo a flotar.

jueves, junio 14, 2007




Te estoy mirando fijamente


porque no quiero perderme nada.


Ya no quiero perderme más cosas tuyas.


No mires el reloj.


Sí, llevo mucho tiempo esperándote.


Ahí me tienes,


vestida de invierno,


esperando que te acerques y me abraces.


¿Qué esperas?


¿Has pensado en mí?


Yo he contado todos los segundos


de todos los minutos


de cada hora


de todos estos años.


He contado las olas.


He contado las nubes que me han tapado el sol.


Aquí me tienes con los ojos bien abiertos.


¿No vas a decir nada?