viernes, diciembre 07, 2007


En tu voz opaca
se queman hoy mis ilusiones;
en tu mirada ciega,
en los sucesivos bostezos.

Hablamos de lo trivial
ya no de lo privado...
y es extraño.

¿Dónde quedaron tus palabras de aurora?

No soy yo cuando te veo con otros,
no soy yo - con-tigo
cuando nome dejas tiempo.
Me transformo en una camuflada casa de celos,
pasiva, inocua,
pero, sumisamene celosa.
Y reprimo mi soledad
que extendiendo al máximo los dedos,
intenta alcanzarte en aquella lejana existencia,
zafarte de todos y traerte a mi lado.

Reprimo mis pies
que intentan salir a buscarte;
correr, gastarse,
para tal vez no encontrar nada.

No quiero perder de vista
la primera vertiente que cruzó el valle;
las mesetas erosionadas
y los cobrizos esteros de radioactividad;
seco nudo que se atora
y que se sigue atorando.

Esta noche jugaré con fuego,
y al despertar junto a una vela,
al escuchar los movimientos de llama,
escucharé el flamear de tus abrazos
batiendo las velas de mi corazón.

Al bucear por el cristalino lago de lava
de tus afectadas maneras,
flotando erguida,
me acuerdo de aquellos primeros naufragios
tan quemantes.

Y aunque aún no aprendo a nadar libre de pánico,
la esperma que se hizo sólida en mis dedos,
me ayuda a comprender
las cascarillas de tus ilusiones
que se derriten, gota a gota,
palabra a palabra en mis oídos.

¿Te has hecho alguna vez esta pregunta?
¿Quién está en las manos de quién?

jueves, diciembre 06, 2007

Durmiendo...


Cuando trato de despertar,
tu rostro dormido me vuelve a atar a la cama.
El lúgubre susurro de tu respirar
ilumina suavemente las cavernas de mis oídos.

Sigo en mi cama, cierro los ojos y te veo mejor,
hace frio,
me escapo del hielo del suelo que compartes con todos,
que es liso y llano para todos.
Acomodo el cuello, cruje la almohada, las mantas me aíslan.
Me arrullo nuevamente en mis sueños.

No hay sombras en tu rostro que amanece
ni en la tersa funda que me esconde,
y me cubre de tu posible sospecha.

Pero nunca podrías verme...
estoy muy lejos, tan lejos,
donde ni siquiera existen colchones blandos
ni duros, ni anchos ni angostos.

Yo duermo en tu noche.
Te vigilo.
Permanezco alerta junto a tus bromas tendidas,
junto a tus chispas rociadas.

Me quedo de pie mientras caen tus caramelos:
se quiebran, los piso:
los dulces cristales se incrustan en mis pies desnudos,
y así logras endulzarme la sangre.

Cuando trato de levantarme,
tu rostro casi inerte me vuelve a atar a la noche,
y la magia azulosa de este amanecer sin muerte
me revela tu naturaleza mutante.

Somos prisioneros de la noche:
nos mantiene inmóviles y quietos
nos prohíbe despistar,
y me libera de tus arranques, divergentes.

Te dejas interrogar por la luna que te enfoca y a media faz:
pero respondes en un idioma dificil.
Y te sientes en paz.
Veo tu expresion, y es como si estuvieras seduciendo a la selva
con un baile mitológico, nativo, floreado.

Suaves pétalos de tu verdad más profunda
van cubriendo tu dorado cuerpo semidesnudo.

Entre helechos gigantes,
aparece el seductor aroma ,
que emana de la tierra salvaje,
como incienso indispensable
para el rito jamás verbalizado.
Sé que tu brazo escapa a la conciencia
cuando porta el cobre de oro
y ahuma todo el amanecer con tu danza en puntas de pie.

Anzuelo que me trago cuando inspiras de día,
cuando respiras de noche;
Cuando bailas para mí.

Te mueves en tu lecho
con la voluntad ingenua de la natura
y asumes un dinamismo planetario.

A mi lado,
como vara de bambú
con exóticas flores y enredaderas,
sobre fango afiebrado por tus movimientos...
por tu mera existencia;
te meces en medio de la tormenta, sin saberlo,
entre trampas, animales y palmeras.

Espectaculo polinésico:
tespestad en la playa,
calma leche del mar.

Al amanecer, tu perfil se dibuja con cerros marrones:
silueta tostada en la mañana de tambores tropicales.
Y no se acaba la noche cuando permanece el retumbar
que en tu dormir oí sonar,
al ritmo de tus insinuaciones.

Y así vuelven a precipitarse
las intensas lluvias fuera de temporada,
mientras el piso de mi cabaña hace agua, nuevamente,
se borra la tinta de mi Biblia,
y supera la pulpa del tronco canoa.

Busco en los momentos plateados
tijeras para recortar tu alma,
para navegar en tu sangre mientras duermes
y tenderme en tu barquito rezumado,
tronco virgen del q naces a gritos:

Resina agridulce, elíxir de una pasión.