
Busco tu esencia en lugares que ni siquiera tu conoces, comienzo ya a delirar, Comienzo a sentir donde no hay sensaciones, donde no hay olores, ni rastros de ti. No importa, me lo invento, me lo creo. De ilusiones vivo, de tu imagen en mi vaso de azúcar y alcohol. Te disuelvo en él mientras endulzas lo intangible, mientras vas embriagando mi conciencia. Se desfigura el rostro de un ser humano para convertirse en un radar fuera de control que alcanza las ondas de tus ojos hechiceros, que descifran los códigos de un magnetismo secreto, que necesaria e injustamente está destinado a diluirse antes de existir. Y es tu boca cueva de ilusiones perdidas, donde vocifera un demonio vacío y donde murmura un corazón puro. Negro sitio en que se aloja el monje ermitaño del pecado. Ayer, durmiendo desde el valle escuche tus gemidos de arena y una fisura en tu mirada de roca nocturna dejó fluir un hilo de vertiente que me despertó al infiltrarse en mi alma. Se alza mi voz con tus lamentos insonoros, mi apetito con tu ayuno. Y quiero estar cerca cuando te recluyas en la gruta, para saber lo que es la soledad. ¡Cuántas cruces hay clavadas en tu boca! estacas que hacen difícil descubrir la belleza, son un cementerio más veces que pocas. Un reflejo en tus muros se ha llevado el dormir y develado el sueño. Camino por el valle oscuro, a pies descalzos, sintiéndolo todo, escalando la ladera por la que ruedan tus sobras, por el campo entrampado en el que temo zozobrar, entre piedra suelta y espinas escalando tu ruina. Si alguien llega a atreverse, el sonido del viento hará música de las esperanzas. Y nada más hará falta en la roca escarpada.
